Cielo desdibujado de estrellas invisibles.
Kármico estándar de luces oscuras.
Estantes con estatuillas de la revolución,
pistolas, escopetas, soldados de Irak.
Esos hijos de puta se ceden el puesto para turnarse nuestros
destinos.
Tantos sesos sueltos,
al lado del plato de los perros,
de los huesos de pollo y los libros.
No se sabe a ciencia cierta si es día o si es noche,
Si hay que ir a levantar a los sacerdotes y si hay que
enterrar los cuerpos.
Aprendamos árabe y recitemos unas cuantas líneas del Corán.
Aprendamos
inglés y recitemos "In God we trust".
In nomine
Patri et Fili et Spiritus Sancti.
Tantas caras sin rostro que circulan su religión en los
pasillos,
mientras de este lado nos preocupamos por los aros del
carro,
del bling-bling de plástico adornado con Gold field,
de la camisita de rayas, la pistola y el diente de oro.
Caen extremadamente luminosas luces de bengala,
bajo la noche roja,
bajo una luna negra que parece eclipsar el alma.
Caen chimpancés como lluvia sobre los cristales de autos
descapotables,
sobre los tejados de madera, de zinc, de vidrio.
Muerte súbita, porque si se prolonga más yo no habrán
cadáveres potenciales.
Muerte con diferentes nombres,
hamburguesas hidrogenadas,
aire sinónimo de vacío,
carne pasada, aceite caduco,
hormonas que te agrandan las tetas
y jugos concentrados.
Verdosas botellas rotas adornan las cornisas creando un zig
zag de hileras punzocortantes,
divisoras, indivisibles, creadoras de las fronteras como lo
son las geografías.
Adornan los arrabales marginales de la miseria,
góndolas que navegan en sangre, bajo sangre y sobre sangre.
Pies, cabezas, dedos,
ornamentos postmodernos del paisaje que se nos crea,
esparcidos por los suelos de Todamérica, y Todomundo.
Bienvenidos sean al siglo de la degenerada generación.
"The
Golden Age Of Grotesque", dijo Manson.
Visiones escampan en la tragedia porque el futuro parece ser
inestable,
tanto como lo es quedarse quieto y verlo todo desde el
sillón,
comiendo palomitas de maíz,
adormecidos por la política de un 20 de mayo igual a todos los
anteriores 16.
Bota tu voto, vota tu excremento,
sácalo afuera y pinta con él la cara de los presidentes.
Las madrugadas ya no sirven para cerrar los ojos,
ya no sabemos cuál de los mundos es el correcto.
¡Qué realidad esta que apesta!
Despierta, escucha el ruido que en masas se subleva,
cohesionan las cicatrices, estallan los tímpanos a la
sonoridad de la metralla,
y del otro lado del mundo
en Taiwán se fabrican nuestras camisetas
mientras de este lado Banksy nos lanza flores en forma de
protesta.
No hay mucho que decir si las palabras valen más que el
hambre que siente el estómago.
No hay luchas que pretendan perdurar más de lo que perduran
los segundos de lucidez,
y nosotros tranquilos pues aún podemos pagar la MasterCard.
Claudio M. Mena Morillo
(Todos los derechos reservados).